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Fuente “ La otra Argentina en CRISIS” de VICTORIA COHEN IMACH publicado en Historia de Revistas Argentinas Tomo I (AAER)
La popularidad que Crisis alcanza entre los sectores medios politizados durante los tres años transcurridos entre su apertura (1973) y su cierre (1976) (1), matiza su condición de revista cultural cuyo público suele ser más restringido. Su gran popularidad puede acaso explicarse por el mecanismo mediante el cual sus integrantes construyen ese "nosotros" subyacente en toda empresa intelectual como ésta. Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo señalan que una revista cultural entraña la creación de vínculos comunes, según los cuales se diferencia del resto del campo intelectual. (1) " Toda revista incluye cierta clase de escritos (declaraciones, manifiestos, etc.) en tomo a cuyas ideas busca crear vínculos y solidaridades estables, definiendo en el interior del campo intelectual un "nosotros" y un "ellos" como quiera que esto se enuncie. Ético o estético, teórico o político, el círculo que una revista traza para señalar el lugar que ocupa o aspira a ocupar marca también la toma de distancia, más o menos polémica, respecto de otras posiciones incluidas en el territorio literario". (2) \ En el particular caso de la revista, la certeza de compartir un horizonte ideológico marcado por el anticolonialismo y la utopía revolucionaria, instaura un mecanismo de mutuo reconocimiento entre editores y lectores a lo largo de un período enmarcado por el auge y la supresión del horizonte emancipador.
Esto parece haberle permitido funcionar como un espejo, bien que creativo, de las propias expectativas del lector; para éste seguramente, Crisis iba dejando paulatinamente de representar el proyecto de un grupo particular para ser interpretada como parte del proyecto colectivo. El "Nosotros" de sus realizadores se iba fundiendo con el "nosotros" de la clase intelectual y de la juventud sensibilizada por ese horizonte utópico. En efecto, si bien su orientación ideológica predominante responde de modo amplio a lo que podríamos calificar como una revista de izquierda" de acuerdo a las pautas de la época, una lectura más atenta revela que en ella se dan cita distintos tipos de discursos ideológicos y de la cultura cuya convergencia “expresa una voluntad dialógica. No se trata por lo tanto, de una institución que pueda reducirse a los discursos hegemónicos en el campo intelectual, como tampoco el propio campo puede reducirse en esta etapa a la presión exclusiva del populismo. (4)
Como principio orientador, Crisis privilegia sin embargo, la noción de la cultura en tanto sistema fundamentalmente dinámico. Otorga preferencia a aquellas expresiones que, habiendo habitado el espacio difuso de la no -cultura o de las estructuras esporádicamente visitadas a la manera de los monasterios en la Edad Media (5), pasan ahora a formar parte de ella.
Y si en esta etapa de crítica generalizada a la estructuración política, espacial y cultural del país en un injusto orden centro periferia su proyecto no es en modo alguno inédito, él se destaca en cambio por la sistematicidad con que número a número incorpora al centro del sistema de la cultura escenas y actores hasta entonces suprimidos de su memoria así como por la perseverancia en - asomarse a sus bordes. En tal sentido, es posible considerar a esta revista como un compendio activo que, ya sobre el filo último del período abierto en 1955, recoge las distintas direcciones seguidas por el dinamismo de instituciones anteriores.
Al igual que en la revista cultural Los Libros en su segunda etapa, el quehacer en torno al universo de la literatura, aunque central, no constituye un objetivo específico. (6) El examen de los fenómenos políticos en la Argentina y en el resto de América Latina ocupa un lugar destacado junto al interés por los debates que sacuden al campo intelectual. Ford señala: "Hoy pareciera dársele o reconocérsele a Crisis un perfil más volcado a lo literario y cultural, pero no fue así. En el centro de nuestro trabajo estaban también otros ejes y también otros colaboradores. Basta con hojear lo publicado sobre multinacionales, nuevo orden informativo (...), tecnología, Malvinas, petróleo, política internacional, etc. para ver que no era sólo una revista "cultural"". (7)
El objetivo del presente trabajo se centra en el análisis del papel cumplido por Crisis precisamente con relación al último de los espacios mencionados. A partir de 1965 el denominado Interior se convierte en centro de las reflexiones de distintas instituciones del campo cultural de Buenos Aires. El descubrimiento tardío que los intelectuales realizan del recién derrocado peronismo, parece posibilitar el descubrimiento a su vez de las regiones de donde ha emigrado una figura destinada a convertirse a partir de entonces en un mito social, el cabecita negra. Mientras este rescate crece, primero entre mitificaciones y mistificaciones, y más tarde apoyado en un conocimiento más aproximado de su condición de sujeto heterogéneo, autores pertenecientes a las provincias periféricas como Antonio Di Benedetto (mendocino) Daniel Moyano (residente en La Rioja) Juan José Hernández (tucumano) y Héctor Tizón (residente en Jujuy), son legitimados por las principales editoriales y la crítica bonaerense que sostienen el fenómeno del boom de los años sesenta, e inscriptos sin ambages en una generación nacional de narradores. La tradicional exclusión que Buenos Aires ejerce respecto a la literartura del Interior, subsumida a menudo bajo el rótulo de regional, queda, con ellos, suprimida. En el marco de su acercamiento a las realidades que han sido situadas en los bordes, Crisis parece ser una de las instituciones que más inciden en consolidar este fenómeno consagratorio iniciado antes, así como una conciencia social en torno a la exclusión de las regiones. Ese rescate, no obstante, es cumplido en el seno del debate ideológico y estético que da consistencia a la revista; en tanto objeto, la periferia llevará por lo tanto las huellas de miradas y voces contrapuestas.
La recuperación de la cultura popular era ya un Código Vigente en las revistas culturales de principios de la década como Hoy en la cultura o El escarabajo de oro. (16) Crisis, en este sentido, compendia y profundiza: se ocupa de las pervivencias desgarradas de saberes culturales originales, tal como muestran los artículos que transcriben la recopilación de mitos indígenas orales (17), o los que examinan la supervivencia del tango en el universo simbólico de las clases populares. (18)
La revista no sólo recupera a través de investigaciones las sub- culturas dominadas, sino que se convierte en protagonista del trasvase de intelectuales a los sectores populares o marginados, característico de este período; el equipo sale en busca de tales interlocutores a la calle o a los caminos, con el fin de testimoniar trozos de su imaginario, de sus discursos poéticos alejados de lo oficial. En cualquiera de estas vertientes, su intención es subrayar las posibilidades creativas de tales grupos, así como legitimar su condición de sujetos activos presentando sus voces muchas veces sin mediaciones. (19)
Por otro lado, propone anular los límites existentes entre arte popular y arte de vanguardia, en una actitud muy distante del populismo vigente y próxima en cambio a un ideologema que ya, por ejemplo, el semanario Primera Plana había presentado hacia los últimos años de la década del sesenta quizás impulsado por los nuevos modelos transculturadores que le proponía la narrativa latinoamericana difundida entonces. (20)
La flexibilidad de la revista se desprende en este sentido, no sólo de ese efecto de conexión que produce la yuxtaposición de las páginas, y que permite leer en el mismo número un análisis de la obra de Felisberto Hernández y la transcripción de mitos indígenas. (21) Puede verse con mayor claridad en la participación como colaborador de quien fuera el director del Centro de Experimentación de Artes Visuales del Instituto Di Tella, Jorge Romero Brest.
Desde su sección "Los ritmos y las formas", Romero Brest elabora reflexiones sobre los derroteros de las artes plásticas en los setenta, desde una concepción marcada por las experiencias artísticas a las cuales el Di Tella había dado impulso, como por ejemplo la relación entre arte y tecnología. (22)
La segunda vertiente que Crisis busca reinsertar en la memoria de sus lectores, consiste en un abigarrado conjunto de grupos carentes de legitimación social: los migrantes provenientes de los países limítrofes, paraguayos, bolivianos, chilenos, refugiados en villas miseria (23); los "oficios terribles" a que están expuestos esos grupos (24); los internos de hospicios a quienes la sociedad ha recluido y silenciado. (25) Todos ellos son "entrevistados en la calle.
Al igual que en Primera Plana, los testimonios sociales, económicos o historiográficos abren un camino para la aceptación de textos de ficción que narran la periferia, pero también orientan al público en el modo de leer a estos últimos. Los pueblos abandonados, los hombres solitarios de la puna, son protagonistas de unos como de otros. El lector de la novela El cantar, el profeta y el bandido de Tizón (1972) puede ser en estos años, un lector de Crisis. Frente al lector bonaerense, Tizón despliega una crónica de la historia de la puna. La época de la plenitud y la productividad parece poder quedar metaforizada en esta imagen que habla de mejores tiempos, de frutos restallantes pero ya inhallables.
Después de recoger distintos testimonios de habitantes de casas y poblados perdidos, Tizón parece concluir que vivir en la puna es, pese al abandono y la soledad, un oficio terrible pero hermoso. Esta fascinación transida de fatalidad por la decadencia de la región recuerda, aunque en la vertiente opuesta, otro sentimiento que poco antes ha rodeado a la periferia: el protagonismo de la marginaci6n. Si las luchas de los obreros de ingenios tucumanos cerrados y los posteriores sucesos de Córdoba habían determinado que el Interior fuera celebrado por insurrecto, aquí, cuando crece la certeza en torno a la condición estructural del subdesarrollo de las regiones y cuando se cierne ya el horizonte autoritario sobre las luchas emancipadoras, prevalece la elegía piadosa por su derrota. La gravitación de la puna sobre el autor le permite concluir su artículo sin embargo, con una afirmación de la belleza de la región.
"Fundiciones, y, a la distancia, las cumbres nevadas de Cabalonga y Coyaguayma. Algún arroyo dando de saltos entre piedras negras, tornasoladas, blancas; y los campos enormes, yermos, sin trajinar, manchados de verde oscuro por las chachacomas, el quincharnal, la salvia, el maransel. El cielo azul, inmenso. La soledad; las rec6nditas ganas de quedarse allí para siempre". (29)
Este texto de Tizón puede caracterizar el sentimiento dialógico de Crisis respecto a las regiones, cercano al de otros discursos culturales que se esfuerzan también por producir desde comienzos de la década del setenta un conocimiento matizado de su configuración. (30) En cuanto alteridad la periferia no es cosificada aquí ni por la idealización del pensamiento populista ni por la excesiva reducción a estructuras propias de la teoría de la dependencia. De manera innegable, dicha teoría se adivina en un análisis como éste, donde ella aparece desnuda e histórica, estratificada en clases, pobre y marginada, en el presente derrotada, inexorablemente contaminada por la visión eufórica- disfórica que impregna desde sus inicios a Crisis (31) y, a medida que se avanza hacia 1976, por la visión crecientemente desesperanzada. Pero ello no impide mostrarla con un pasado pleno y luminoso, autoabastecido, habitada por hombres cuyo testimonio contrarresta el diseño demasiado abstracto de las teorías.
La tercera vertiente de recuperación es, precisamente, la voluntad de despertar la memoria de la periferia regional en los lectores del centro del país. Como en las anteriores, Crisis propone una noción dinámica de salida centrífuga no sólo del equipo periodístico sino, figuradamente, de los propios lectores ante cuyos ojos se despliega una constelación no suficientemente legitimada hasta entonces de paisajes, escenas, tradiciones y sistemas escritúrales que también integran lo nacional. Así encontramos las leyendas del Noroeste (32), el relato del nacimiento de la industria argentina en el cual Tucumán cumple un papel pionero (33), la situación de Santiago del Estero, el teatro al servicio popular en Córdoba y Tucumán (34), la distribución de la tierra en las distintas regiones de la Argentina. (35.) Entre estos artículos, el dedicado a Santiago del Estero muestra bien el objetivo de desencadenar un proceso de anamnesis en los lectores del centro bonaerense. Va acompañado de dos mapas de la región noroeste en los cuales se indica: 1) La ubicación de las primitivas ciudades en la época de las fundaciones con los años respectivos en que fueron fundadas: Jujuy, Salta, Tucumán, Londres- Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja, Córdoba. 2) La ubicación de las tribus indígenas en el "Santiago precolombino": Lules, Diaguitas, Sanavirones, etc.
La crónica histórica de la provincia de Santiago es muy similar a la de Tizón respecto a la puna. Aquí se destaca, además, la etapa de la Conquista y la colonización, un núcleo temático alrededor del cual los textos de ficción de los autores considerados organizan también su revisión de la posición periférica.
- "Las noticias más o menos fidedignas, las alucinaciones exageradas, y la necesidad de acortar camino a la Mar del Norte, despoblada la primera Buenos Aires, determinaron la expedición descubridora que bajó del Cuzco al mando del malogrado capitán Diego de Rojas en 1543. Santiago del Estero aparece más tarde, con las fundaciones del extremeño Juan Nuñez del Prado (...)" (37)
También es mencionada la figura de San Francisco Solano, considerada en un texto como El trino del diablo de Moyano (1974) y también en el ya citado El cantar del profeta y el bandido de Tizón, como parte de los referentes culturales del Norte. "Primacía que en lo espiritual hubo de llegar a su más alto grado en ese siglo del alumbramiento santiagueño, al establecerse la Compañía de Jesús, que desde Santiago inició su apostolado en el país, y con la presencia seráfica de San Francisco Solano en su labor misionera de finales del siglo XVI. (38.)
Siguiendo la línea abierta por la revista Contorno, pero también por los textos revisionistas, las ciencias sociales y la historia de la etapa inmediatamente precedente, es decir, de 1955 a 1966 aproximadamente, la historia es vuelta a contar ab origine hasta un presente marcado por el éxodo, la extenuación de las riquezas naturales y la miseria. El tren, como en los análisis de Bernardo Canal-Feijóo o de Arturo Jauretche, ocupa un lugar determinante. La cadena de pueblos preexistentes queda a su llegada obliterada.
La popularidad alcanzada por la revista iba a proveer a sus obras de un más ancho canal de difusión ante las editoriales y los críticos, pero también ante un mayor número de lectores.
Crisis resulta, además, una de las primeras instituciones de selección y consagración en establecer de forma visible nexos entre la obra de Tizón, Moyano y Di Benedetto. Recién en 1981 surgiría el estudio de Capítulo. Historia de la literatura argentina del Centro Editor, que los considera ya como un grupo vinculado por su origen provinciano y por ciertas particularidades escritúrales. (40)
En el primer número de 1974, es decir a nueve meses de lanzada, Crisis trae un cuento de Moyano y otro de Tizón, acompañados respectivamente de una breve introducción a la figura y la obra de ambos narradores. (41) Si la revista no explícita que integren un grupo, la proximidad misma de los artículos (están publicados en páginas inmediatamente contiguas), y las coincidencias en los términos de la presentación, sugieren que se los considera internamente conectados. Resulta de interés por ello la transcripción de los textos introductores: I
1) "A partir de excelentes relatos, como "La lombriz", “La fabrica" o "Artistas de variedades", la cuentística de Daniel Moyano, escritor argentino radicado actualmente en La Rioja, se ha caracterizado por. ser una búsqueda alucinante y, al mismo tiempo, profundamente comprometida con la cotidianeidad de la marginación, de la migración interna, del, desamparo de la gran ciudad". (42)
2) Desde “ A un costado, de los rieles”, publicado en México en 1962, la obra de Héctor Tizón, argentino de Jujuy, es una exploración constante de los pueblos marginados de la Puna, de su cultura, de su historia. Esa exploración, múltiple y morosa, que ha roto las viejas pautas del regionalismo y que alcanza su mayor profundidad en "El cantar del profeta” y "El bandido” instala a Tizón entre los escritores más importantes de la literatura argentina actual". (43)
Destacan allí tres puntos coincidentes: 1) Ambos parecen incorporados a la literatura nacional a través de una misma alusión a su condición de "escritor argentino".
2) De los dos se señala la provincia de residencia o de origen como dato significativo.
3) De ambas obras se indica que exploran la marginación de sus regiones.
Como en una reseña que Primera Plana publica a Di Benedetto (44) se advierte aquí el interés en subrayar su pertenencia al horizonte de la literatura argentina sin dejar de remarcar al mismo tiempo su origen provinciano. El tratamiento de la marginación, a la que Crisis es especialmente sensible, aparece como uno de los Criterios de la selección de ambos en sus páginas. Otros criterios son, en el caso de Moyano, el tratamiento. de la migración interna, cuya mención revela la difusión de este tema en el campo intelectual: en el caso de Tizón, la valorización ante el lector bonaerense de una escritura que ha superado el regionalismo. Continuando con este trayecto y como confirmación de la visualización de conjunto que tiene de estos tres escritores, Crisis publica respectivamente en diciembre de 1974 y en enero y febrero de 1975, sendos reportajes sobre Di Benedetto, Moyano y Tizón, consistentes en una entrevista, un cuento del autor y, a modo de información para los lectores, una completa bibliografía. (45.)
La entrevista a Di Benedetto presenta un aspecto de interés para comprender el sentido público, sino de su entera obra, sí de su figura de escritor del Interior. Celia Zaragoza le pregunta por su relación con la ciudad de Buenos Aires. El autor le narra su atracción y su rechazo. En las páginas de una revista del centro se despliega así un espacio para que un narrador pueda testimoniar su mirada de periferia.
Crisis parece querer reparar las carencias de los escritores del Interior señaladas por Ford en su estudio, y convertirse ella misma en "cruce de caminos" (52) de estos narradores distantes entre sí y de estos narradores con el centro del país. En efecto, si la revista conecta a los escritores de la periferia, también, según lo indicado, acerca su obra a la de Conti, quien integra en Buenos Aires el equipo periodístico de Crisis. Desde la década del sesenta este autor había iniciado una amistad con Mo yano. También se encontraba próximo a Di Benedetto, a quien recuerda incluso en uno de sus más bellos textos. (53) En cambio, la relación con Tizón, más que personal parece poder registrarse en un nivel sobre todo literario. En distintos reportajes Conti menciona a estos tres escritores como ejemplo de aquellos que no han entrado en el circuito del boom, e incluso los considera marginados del mundo editorial. Aunque esta afirmación no responde en la práctica a la realidad de lo ocurrido, tal como demuestra el examen de su obra publicada y de su repercusión en la crítica; sirve en otro sentido para mostrar, los lazos que unen a los escritores estudiados en este trabajo.
Así, en un reportaje Conti deja claro su sentimiento respecto a la necesidad de recordar a Tizón, Moyano y Di Benedetto, situados allende Buenos Aires. Allí también deja saber su opinión respecto a sus respectivas obras. Muestra que, en efecto, los ha leído. La novela Zama de este último autor (1956), es señalada como un libro para él entrañable. Cabe pensar incluso, que ese conocimiento puede haber influido en el proyecto estético de su novela Mascaró, el cazador americano (1975).
En otro reportaje realizado a Conti en la misma Crisis, el autor volvería a señalar la marginación que a su entender sufren dichos autores.
"¿Cuáles escritores considero relegados? A escala latinoamericana, por ejemplo, a Arguedas, Guimaraes, al propio Rulfo. Entre nosotros, a Moyano, a Di Benedetto, a Blanstein". (55)
El marco proporcionado por Crisis permitiría que al menos por ese efecto de contigüidad antes señalado, sus textos estuvieran próximos. En el caso de Conti y Tizón, el cruce sería aún más elocuente pues, al igual que Sota de bastos, caballo de espadas, Mascaró , el cazador americano es editado por el sello de la revista en 1975. Por ello, las dos novelas se encuentran publicitadas en un mismo reverso de tapa de un número de ese año. (56)
Por otra parte, como cronista de Crisis, Conti debe desplazarse hacia la periferia; resulta significativo en este sentido el viaje a Córdoba para reseñar las actividades de un grupo de teatro al servicio, popular que presenta entonces una obra basada en testimonios e información sobre la crisis social y económica de Tucumán. (57) El autor recuerda en la nota el momento en que obra todavía era proyecto.
"La respuesta comenzaba a desplegarse mis ojos y de alguna manera salía de mí mismo, pues a lo largo de hora y media me sentí surco y cana, melaza, miseria, Tucumán.
Por último, hay que señalar que frente a esta actitud de Crisis ante la periferia, representa curioso contrapunto la presencia en sus páginas de los autores y enfoques revisionistas. La sección "Carnet" a cargo, entre otros, del historiador Fermín Chávez, y una serie de reportajes sobre figuras como Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Juan José Hernández Arregui, se toman los síntomas más relevantes de esta orientación. (60)
Como publicación cultural Crisis está destinada no sólo a generar opinión sino también a emitirla: a lo largo de sus páginas privilegia el rescate de aquellos sucesos históricos y protagonistas de la historia que el revisionismo hace emerger de los márgenes del relato oficial liberal, como el federalismo y el caudillismo. Pero en esta corriente las figuras son, como ha visto Tulio Halperin Donghi, reinterpretadas de acuerdo a criterios "mito- políticos" más que historiográficos, con el fin de trazar una historia continuada de las clases oprimidas del país. (61) Ello instaura una nueva red de significados en torno al rescate de los autores de la periferia.
Francine Masiello define a Crisis y Los Libros como publicaciones que ejercen una crítica cultural en deliberados términos de heterogeneidad, a diferencia de la preocupación por el binarismo predominante en la década del sesenta. (62) Esta afirmación parece indudablemente válida para las distintas vertientes de recuperación analizadas hasta aquí, pero debe ser matizada. En efecto, se advierte a partir de lo indicado, una paradoja en la opinión generada por Crisis en tomo al problema de la periferia. 'Podríamos definirla como la convergencia del deseo de conocer su verdadera identidad y la simultánea adscripción a imágenes heroicas características del revisionismo y el nacionalismo populista, que dificultan su aprehensión: como una tensión entre la acuciante voluntad de conocerla y la acuciante urgencia de amarla.
La paradoja de tales actitudes 'muestra el diálogo de voces existente en la revista pero, más ampliamente, en el campo intelectual y en la sociedad.
Por otra parte, es factible pensar que la presencia del revisionismo haya constituido una presión sobre los textos de ficción, sobre el propio proyecto estético de los autores de la periferia; es decir, que este haz de imágenes proyectado desde la revista haya pugnado por contaminar la escritura, la mirada hacia las propias regiones.
Un indicio de ello puede encontrarse en la entrevista realizada por Crisis a Moyano, en la cual el escritor alude a Jauretche como a un autor político paradigmático de cuya postura de compromiso dogmático él se siente alejado.'
"Para mí la literatura es lo importante, porque la literatura es ahistórica. La literatura no va con la historia que quería contar Jauretche. Va con ese hombre primitivo y elemental que ha sido sumerio y ahora es norteamericano, hindú o ruso" (63)
El análisis de los textos escritos en estos años irá revelando finalmente, las respuestas simbólicas que la escritura otorga a tales demandas flotantes sobre el campo.
La labor de Crisis sobrevive unos meses al golpe militar de marzo de 1976. Su cierre, debido a las amenazas, la censura y el riesgo de sus realizadores, puede ser interpretado como la clausura de un período iniciado en 1955 y marcado por la sensibilidad hacia la periferia. En mayo de ese año desaparecería, entre otros colaboradores de la revista, Conti.
"Las presiones, las amenazas de muerte, las censuras fueron parte del "clima" de Crisis. Hasta llegó a ser peligroso- tenerla, tanto que, como recuerda en algún lugar Galeano, empezó a aparecer empaquetada en los baldíos y basurales". (64)
El golpe militar, al imponer el silencio, pretende entonces privilegiar el mecanismo del olvido en el sistema de la cultura, sobre una institución que había procurado con intensidad activar la memoria de lo obliterado por la historia y la sociedad nacional. Como gesto representa, finalmente, el intento de acallar lo que con Michel Foucault podríamos considerar el "murmullo" de múltiples discursos que empezaban a desobturarse de un orden discursivo excluyente y tradicional. (65.)
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